Japón está dando pasos firmes hacia la resurrección nuclear, impulsado por la necesidad de asegurar una fuente de electricidad de base con bajas emisiones de carbono y reducir su dependencia de combustibles fósiles importados.
El contexto internacional, marcado por el conflicto entre Israel e Irán y la vulnerabilidad de las rutas marítimas de petróleo y gas en el estrecho de Ormuz, ha intensificado la urgencia de esta estrategia.
De acuerdo con GlobalData, la generación nuclear alcanzó 101 TWh en 2025 y podría crecer hasta 123,3 TWh en 2035 (las cifras de 2035 son proyecciones de GlobalData, no compromisos oficiales del gobierno).
El gobierno aspira a que la energía nuclear represente entre 20% y 22% de la matriz energética en 2030, estabilizando el sistema eléctrico y reduciendo emisiones. Cabe aclarar que la meta es un objetivo político, sujeto a aceptación social y reformas regulatorias.
Los obstáculos siguen siendo considerables: la gestión de residuos de alta actividad, la aceptación pública frágil y los procesos regulatorios prolongados amenazan con ralentizar el avance. Las licencias incluyen revisiones sísmicas, inspecciones de equipos obsoletos y mejoras para prevenir accidentes graves, lo que suele extender los plazos durante años.
.

El analista Attaurrahman Ojindaram Saibasan subraya: “La recuperación técnica es real, pero la desconfianza comunitaria y las decisiones pendientes sobre residuos siguen siendo barreras importantes”.
La apuesta nuclear también se explica por el encarecimiento de los combustibles fósiles, que ha elevado los costos de electricidad para hogares e industrias. Frente a esta volatilidad, los costos más predecibles de la energía nuclear resultan atractivos.
Los expertos recomiendan hojas de ruta nacionales para residuos, programas transparentes de seguridad, autorizaciones por etapas con diálogo comunitario y apoyo a reactores modulares pequeños (SMR) para diversificar riesgos.
Si estas medidas prosperan, Japón podrá consolidar la nuclear como pilar de su transición energética. De lo contrario, la energía térmica deberá asumir la carga con mayores costos financieros y ambientales.