Informes: Energías renovables, una solución para la crisis energética en Latinoamérica

Según la OLADE, invertir en renovables reduciría la dependencia de combustibles fósiles y fortalecería el sistema eléctrico en la región. Además, las estaciones de energía portátiles pueden ser aliadas para garantizar un suministro estable.
América Latina enfrenta una grave crisis energética que amenaza su desarrollo económico y bienestar. La dependencia de fuentes fósiles, la escasez de inversión en infraestructura y los fenómenos climáticos extremos han creado un panorama de incertidumbre en varios países de la región, con apagones constantes, aumentos en las tarifas eléctricas y problemas para asegurar un suministro continuo.
Argentina es uno de los países más afectados por esta situación. En los últimos meses, el país ha vivido cortes de energía que perjudicaron a millones de personas, como resultado de una red eléctrica saturada y una crisis económica que dificulta la inversión en generación y distribución. Además, persisten problemas estructurales, como la falta de incentivos para impulsar las energías renovables y una alta dependencia del gas natural, cuya importación se ha incrementado debido a factores geopolíticos.
Brasil, aunque tiene un importante desarrollo hidroeléctrico, también ha enfrentado serias dificultades. Las sequías prolongadas han mermado la capacidad de generación de sus represas, obligando al país a recurrir a termoeléctricas más caras y contaminantes. Esto ha aumentado los costos eléctricos y subraya la necesidad de diversificar su matriz energética. En naciones como Chile y Perú, el escenario no es muy diferente. Aunque han avanzado en la adopción de energías renovables, la intermitencia de estas fuentes y la falta de almacenamiento adecuado han causado inestabilidad en el suministro.
Un caso especialmente alarmante es Venezuela, donde el colapso del sistema eléctrico ha dejado a extensas áreas sin energía durante días. La falta de mantenimiento, la corrupción y la fuga de talento han intensificado una crisis que impacta tanto a la industria como a la vida cotidiana de la población.
En respuesta a esta situación, la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) ha señalado que la integración energética regional es una de las alternativas más efectivas para abordar la crisis en América Latina y el Caribe. La interconexión entre países permitiría aprovechar mejor los recursos disponibles, reducir los costos y garantizar un suministro más fiable, especialmente en tiempos de crisis climática como sequías o inundaciones extremas, que han dañado gravemente la infraestructura eléctrica regional.
Para OLADE, la interconexión energética debe trascender los acuerdos bilaterales de emergencia y consolidarse como una estrategia a largo plazo que beneficie a todos los países involucrados. Es crucial construir nuevas infraestructuras de transmisión que faciliten el intercambio eficiente de energía entre países, especialmente aquellos que comparten fronteras y pueden complementar su producción energética.
Fitzgerald Cantero Piali, director de estudios, proyectos e información de OLADE, subrayó en una rueda de prensa la relevancia de esta estrategia, al destacar que la resiliencia del sistema depende de estos intercambios energéticos, lo que permite una planificación energética más integral.
Sin embargo, hasta ahora, los esfuerzos en esta dirección se han visto limitados por la falta de acuerdos multilaterales sólidos y por normativas que obstaculizan la integración a gran escala. En América del Sur, la mayoría de los contratos de interconexión se han basado en un enfoque bilateral, lo que hace que las soluciones energéticas sean más bien reactivas y no una planificación conjunta para el futuro. En países del Cono Sur y la Región Andina, por ejemplo, los proyectos hidroeléctricos binacionales han sido clave para la estabilidad energética, pero todavía no existen mecanismos regulatorios que promuevan una mayor cooperación regional.
Para superar estos obstáculos, la organización enfatiza la importancia de fortalecer la cooperación entre los países mediante organismos supranacionales como la Comunidad Andina (CAN) o el Mercosur, que podrían implementar normativas de integración energética de cumplimiento obligatorio. Asimismo, subraya la necesidad de diversificar la matriz energética y fomentar la inversión en fuentes renovables, lo que permitiría reducir la dependencia de los combustibles fósiles y fortalecer la resiliencia del sistema eléctrico.
Argentina: un reflejo de la crisis
Al final, lo cierto es que esta situación impacta directamente a las personas, quienes padecen las consecuencias de la falta de previsión y planificación energética. Por ejemplo, en 2024, Argentina atravesó una crisis energética impensable para un país con algunas de las reservas más grandes de gas y petróleo no convencional del mundo. La ausencia de acuerdos estructurales y reglas claras para la inversión lo dejó vulnerable, afectando tanto a empresas como a ciudadanos.
Durante el invierno, una ola polar combinada con una infraestructura insuficiente obligó a la nación a importar energía costosa de países vecinos para cubrir la demanda. Más de 150 grandes empresas experimentaron cortes en el suministro de gas, lo que las llevó a paralizar su producción. Incluso, las estaciones de servicio de GNC también enfrentaron restricciones, impactando el transporte y la movilidad de miles de personas. Mientras tanto, el Estado debió adquirir electricidad, gas y fuel oil para asegurar el abastecimiento en los hogares, lo que generó un alto costo para las finanzas públicas.
Pero la crisis no se limitó solo a esa temporada. En el último verano, el aumento extremo de las temperaturas puso al sistema eléctrico al borde del colapso. En el Noreste Argentino (NEA), las provincias de Formosa, Chaco y Corrientes fueron las más afectadas por los apagones. En momentos críticos, estas regiones perdieron más del 50% de su demanda eléctrica, dejando a miles de familias sin acceso a luz en medio de temperaturas superiores a los 40 grados. En el Noroeste Argentino (NOA), así como en Córdoba y Santa Fe, también se registraron fallas en el suministro.
El pasado 10 de febrero, el Sistema Argentino de Interconexión (SADI) alcanzó un récord de consumo de 30.240 MW, pero una caída de tensión en el NEA redujo la demanda en 1.000 MW. Un día antes, un corte de 2.000 MW provenientes de Brasil dejó sin electricidad a más de 200.000 hogares en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), evidenciando la vulnerabilidad del sistema.
Mirando hacia el futuro, la situación se perfila aún más compleja. Según la Fundación Encuentro, se estima que la capacidad de generación eléctrica podría estar en déficit hasta 2027 si no se adoptan medidas urgentes.
Estaciones de energía portátiles: una solución para mitigar
En este contexto, las estaciones de energía portátiles emergen como una solución prometedora para mitigar los efectos de los cortes de suministro. Estos dispositivos, capaces de almacenar y suministrar electricidad de manera autónoma, pueden ser cruciales para hogares, comercios e industrias que enfrentan interrupciones constantes en el servicio eléctrico.
Una de las principales ventajas de estas estaciones es su versatilidad. Funcionan con baterías recargables, paneles solares o generadores de respaldo, lo que posibilita un acceso a energía confiable en situaciones de emergencia. En las provincias más afectadas por los apagones, como Formosa, Chaco y Corrientes, contar con una fuente alternativa de electricidad podría marcar la diferencia, especialmente en sectores como la salud y el comercio.
Por su parte, para las empresas, estas estaciones representan una opción para mantener operativos equipos esenciales sin depender completamente de la red eléctrica. Además, el impulso de estas tecnologías podría favorecer el desarrollo de fuentes renovables en el país. Con el avance de la energía solar y la fabricación de baterías de mayor capacidad, estas estaciones no solo ofrecen una solución inmediata, sino que también pueden integrarse en estrategias más amplias de transición energética.
Cabe destacar que el informe Panorama Energético de América Latina y el Caribe 2024, publicado por la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), ofrece datos clave sobre la evolución del sector energético en la región. Según el documento, el 79% de la nueva capacidad instalada en 2024 provino de fuentes renovables, y se proyecta que para 2050 el 85% de la electricidad generada en América Latina será limpia.
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Fuente: Economis